Comparaciones

Comparar la detención de un casco azul español por parte del ejército israelí en el sur del Líbano con una retención en un control de la Guardia Civil de Tráfico no solo es un error conceptual, es una frivolidad peligrosa.

Las misiones de paz de Naciones Unidas operan en escenarios donde la violencia es estructural, donde cada movimiento se negocia y donde la legalidad internacional es el único escudo real que protege a quienes arriesgan su vida para evitar que el caos sea absoluto. Un soldado desplegado bajo mandato del Consejo de Seguridad no es un ciudadano parado en una carretera, es un agente internacional cuya integridad está amparada por convenios, acuerdos y obligaciones que los Estados firmantes deben respetar.

La Guardia Civil, por su parte, puede retener a un conductor durante un control el tiempo necesario para garantizar la seguridad vial. Puede ser molesto, incluso exasperante, pero es un procedimiento legal, regulado y orientado al bien común. Nadie es humillado, nadie es utilizado como moneda de presión, nadie es puesto en riesgo deliberadamente.

Equiparar ambas situaciones es diluir la gravedad de una detención que, según los hechos conocidos, carece de justificación y vulnera el marco jurídico internacional. Es convertir un incidente diplomático serio en una anécdota doméstica. Y eso, en un momento en que la tensión en Oriente Próximo exige precisión y responsabilidad, resulta inaceptable.

Conviene recordar que las palabras importan. Y que banalizar lo que ocurre en una misión de paz no solo desinforma, también deshonra a quienes sirven en ellas.

Hay que dejar de frivolizar.

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